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Op-Ed

El Papa Francisco y el Rabino Argentino

Abraham H. Foxman
Director Nacional de la Liga Antidifamación

This article originally appeared in The Huffington Post on April 18, 2013

Una de las primeras cosas que el cardenal Jorge Bergoglio, argentino de nacimiento, hizo después de ser elegido papa el 13 de marzo, fue enviar un mensaje de amistad al Rabino principal de Roma, Riccardo Di Segni y  —por extensión— al pueblo judío.

“Espero sinceramente poder contribuir al progreso que las relaciones entre judíos y católicos han tenido desde el Concilio Vaticano II”, escribió el Cardenal Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco I.

Al invitar a rabino de Roma a la ceremonia de asunción en el Vaticano, el Papa Francisco dijo que espera contribuir a "un espíritu de colaboración renovada" con el pueblo judío. Inglés

De hecho, desde que fue elegido el mes pasado para liderar la Iglesia Católica Romana, el Papa Francisco ha atraído la atención de la prensa mundial. Los titulares en relación con sus actos de humildad han llevado a que su popularidad se dispare en todo el mundo, incluyendo a la comunidad judía mundial entre la cual ha recibido muchos elogios por su positivo historial con la comunidad judía argentina.

El 19 de marzo, me senté al lado del Rabino Di Segni bajo un cálido sol italiano en la Plaza de San Pedro. Formaba parte de una pequeña delegación judía invitada a observar la excepcional ceremonia religiosa en la que se instala oficialmente al nuevo líder espiritual de los billones de Católicos Romanos del mundo. El Papa Francisco, de 76 años, fue elegido para suceder a Benedicto XVI, quien asombró al mundo en febrero al anunciar su renuncia: el primer papa en renunciar en más de 600 años.

Durante la ceremonia, el Papa Francisco distinguió a la delegación judía entre los representantes no cristianos, agradeciéndole el hecho de estar allí presentes.  Al día siguiente el Papa Francisco invitó a nuestra delegación judía, así como a representantes de otras creencias —incluyendo a católicos ortodoxos, musulmanes, protestantes, evangélicos, hindús y sikhs—, a reunirse con él en el Vaticano.

En su discurso de apertura, Francisco mencionó específicamente su cercana relación con el pueblo judío:

“Ahora me dirijo a ustedes, distinguidos representantes del pueblo judío, con quienes tenemos un vínculo espiritual muy especial puesto que, como lo afirma el Concilio Vaticano II, la Iglesia de Cristo reconoce que ‘el origen de su fe y su elección estaban ya, de acuerdo con el divino misterio de la salvación, en los Patriarcas, en Moisés, y los Profetas. Gracias por estar aquí. Confío en que, con la ayuda del Todopoderoso, podremos continuar provechosamente el diálogo fraterno que el Concilio propuso y que se ha desarrollado, dando muchos frutos, especialmente en las últimas décadas”.

En un sentido, estas palabras son extraordinarias —viniendo de un nuevo papa. Pero, en otro sentido, el cálido gesto del papa Francisco hacia el pueblo judío es totalmente coherente con los muchos gestos, palabras y actos de amistad de sus predecesores, los papas Benedicto XVI y Juan Pablo II.

También es coherente con el camino positivo de reconciliación que ha tenido lugar entre judíos y católicos desde que, en 1965, el Segundo Concilio Vaticano aprobó la declaración llamada Nostra Aetate. Nostra Aetate (latín para “Nuestro tiempo”) afirma que los judíos siguen siendo amados por Dios, reconoce el pacto eterno que Dios y el pueblo judío hicieron en el Monte Sinaí, rechaza el antisemitismo —siempre y sin importar de quién procede— como algo contrario a la cristiandad y declara que los judíos como colectividad jamás fueron maldecidos por Dios por la muerte de Jesús.

El acercamiento de Francisco con los judíos tampoco es sorprendente para quienes han seguido de cerca su carrera como Cardenal Bergoglio en Buenos Aires, donde él celebro varias festividades judías con la comunidad judía argentina, incluyendo Janucá —en la cual encendió una vela de la menorá—, asistió a una sinagoga en Buenos Aires para Slichot, un servicio previo a Rosh-Hashaná (Año nuevo judío) y una conmemoración de Kristallnacht, Noche de los Cristales Rotos, la ola de violencia nazi contra los judíos antes de la Segunda Guerra Mundial.

También expresó una fuerte solidaridad con la comunidad judía argentina tras la mortal bomba de 1994 contra un centro comunitario judío de Buenos Aires.  En 2010, durante una conmemoración de la tragedia, el Cardenal Bergoglio se refirió al sitio como “una casa de solidaridad”.

Nosotros, en la Liga Antidifamación (ADL por sus siglas en ingles), conocemos la gentileza del Cardenal Bergoglio desde una perspectiva personal: El mantenía correspondencia con nuestro difunto Director Interreligioso, Rabino León Klenicki, un argentino y pionero de las relaciones católico-judías. En 2009, cuando el Rabino Klenicki falleció, el asistió a un servicio en su memoria en Buenos Aires.

Indiscutiblemente, la cercana relación del Papa Francisco con el Judaísmo y el pueblo judío está mejor ejemplificada en un admirable libro que escribió con el Rabino argentino Abraham Skorka. El libro, Sobre el cielo y la tierra, recién traducido al inglés por primera vez, será lanzado por Image Books el 19 de abril.

El libro saldrá simultáneamente impreso, en formato digital y de audio en Estados Unidos y Canadá. En dichos países, también se publicará una edición en español por Vintage Español —de Random House Inc.— impresa y en formato digital.

La Liga Antidifamación está orgullosa de haber jugado un papel en la aparición del libro en el mundo angloparlante.

Sobre el cielo y la tierra presenta una serie de conversaciones fascinantes entre el Cardenal Bergoglio y el Rabino Skorka sobre una amplia gama de temas importantes tanto para los religiosos  como los no religiosos.

El cardenal y el rabino discuten temas tan importantes como la naturaleza de Dios, el fundamentalismo, el Holocausto, la ciencia, la política, la globalización, la pobreza, el diálogo entre religiones y el futuro de la religión.

También abordan controvertidos temas, incluyendo el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto y la eutanasia.

Sin importar si uno está de acuerdo o no con las posiciones del Cardenal Bergoglio sobre estos temas, el libro ofrece una visión sin precedentes del pensamiento del hombre que ahora lidera la Iglesia Católica y es, probablemente, la figura religiosa más influyente del planeta.

A través de su diálogo, es posible ver el gran respeto y afecto que une al cardenal y al rabino. Algunos de los intercambios son muy conmovedores.

Igualmente importante, ambos mantienen su integridad religiosa personal mientras debaten profundos temas. Como dice el Cardenal Bergoglio: “Con [el Rabino] Skorka nunca tuve que dejar de lado mi identidad católica, así como él nunca tuvo que ignorar su identidad judía. Nuestro reto era proceder con respeto y afecto, intentando estar por encima de los reproches mientras caminábamos en presencia de Dios”.

Sin duda este libro es un maravilloso modelo de un diálogo honesto y productivo entre religiones.

En los próximos meses, líderes católicos y judíos comenzarán a discutir los preparativos para la conmemoración del 50avo aniversario de Nostra Aetate. Consideramos que es extremadamente importante darle la debida atención a este evento y celebrarlo en todo el mundo, reconociendo el histórico papel desempeñado por el documento en la promoción de relaciones positivas entre los credos.

Dado lo que el Papa Francisco ya ha logrado, confiamos en que subiremos juntos al siguiente nivel de un diálogo positivo entre católicos y judíos.

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Dado lo que el Papa Francisco I ya ha logrado, confiamos en que subiremos juntos al siguiente nivel de un diálogo positivo entre católicos y judíos.

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