Lo que aprendimos de Auschwitz

  • February 5, 2015

Por Abraham H. Foxman
Director Nacional de la Liga Antidifamación

Este artículo apareció originalmente en el blog de The Huffington Post

El septuagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz, que se celebrará el 27 de enero en el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, llega en un momento en que algunos se preguntan: ¿está sucediendo nuevamente en Europa?

Conocemos la respuesta racional a esa pregunta. A pesar de la gravedad del resurgimiento del antisemitismo en Europa, no hay comparación con la Europa de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. En aquel entonces, un partido comprometido con la destrucción del pueblo judío obtuvo el poder total en Alemania y finalmente llegó a controlar casi toda Europa, permitiendo el asesinato sistemático de 6 millones de judíos y millones de otras personas en el Holocausto.

Hoy en día, los gobiernos de Europa no apoyan el antisemitismo; lo combaten, aunque no siempre con suficiente fuerza.

¿Si no es el Holocausto —y, si no es útil comprender los inmensos desafíos de hoy comparándolos con el Holocausto—, Auschwitz nos da alguna lección hoy en día?

Yo diría que varias.

Primero está el papel de las ideologías de odio en la producción de comportamientos violentos y antisemitas. Aunque hoy los antisemitas en Europa no controlan los gobiernos, son capaces de movilizar a personas comprometidas con la violencia sobre la base de nociones fantásticas sobre el mal de los judíos.

Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de Hitler, convenció a los alemanes no sólo de odiar a los judíos sino también de creer que tenían que protegerse del malvado y todopoderoso judío que estaba envenenando el cuerpo político alemán. También hoy, los extremistas islámicos —ya sea Al-Qaeda, ISIS, Hamas o Hezbolá— consideran al judío el origen del mal en el mundo.

La Carta de Constitución de Hamas no solamente hace un llamado a la destrucción de Israel; sostiene que los judíos son responsables de todos los males del mundo moderno desde la Revolución Francesa.

Cuando Al-Qaeda decidió atacar el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, fue sólo después de que consideraran atacar objetivos judíos en Nueva York. Incluso el World Trade Center era visto como un objetivo parcialmente "judío", ya que se consideraba que los judíos controlan el comercio mundial, según "Los protocolos de los sabios de Sión".

Una vez se resuelve que los judíos son la fuente del mal, es casi una responsabilidad actuar contra ellos. Y así los ataques contra civiles judíos, que representan el mal en forma ordinaria, se vuelven admisibles.

Debemos luchar contra esta ideología de odio. No debemos titubear al darle el nombre que merece y reunir a personas de todas las religiones contra él.

Una segunda lección es que la vergüenza por lo que el antisemitismo pudo producir, que se manifestó con la aparición de las primeras fotografías de Auschwitz después de la liberación, es un importante inhibidor del antisemitismo.

No cura al mundo de la enfermedad del antisemitismo —que está tan arraigada y sirve a muchos propósitos—, pero sí afecta el nivel y la intensidad del comportamiento antisemita.

El antisemitismo no explotó como un fenómeno durante décadas en parte debido a esta vergüenza. A medida que pasa el tiempo y la inmediatez del Holocausto se desvanece, resulta más importante que nunca desarrollar nuevas y creativas maneras de transmitir a los jóvenes sus horrores.

Recuerdo que hace algunos años escuché a Rita Sussmuth, del Bundestag alemán, hablando de la necesidad de crear nuevos y emotivos métodos para llegar a cada generación de jóvenes que está más y más alejada de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Nunca debemos abandonar la lucha para explicar lo que puede provocar el antisemitismo.

Para mí, una tercera lección es la íntima conexión entre el antisemitismo y la salud de una sociedad democrática. Ya sea la expresión de que los judíos son el canario en la mina de carbón o las famosas líneas del Pastor Martin Niemöller sobre las consecuencias de no enfrentarse a la maldad, Auschwitz no es sólo sobre los males del antisemitismo sino también sobre cómo no controlarlo invariablemente pone en peligro a toda la sociedad.

La lucha contra el antisemitismo nunca debería considerarse solamente como una lucha moral. Es una lucha práctica, como lo expresó con tanta elocuencia el Primer Ministro Manuel Valls ante el Parlamento francés después de los ataques terroristas contra Charlie Hebdo y el supermercado kosher.

¿Cómo -preguntó- podría la sociedad francesa no protestar y estar indignada cuando los judíos eran insultados, cuando los vándalos violaban las instituciones judías, cuando los manifestantes intentaron invadir una sinagoga? Su mensaje fue claro: Toda Francia necesita ponerse de pie y con fuerza cuando los judíos son atacados. No solamente porque es lo correcto, sino porque es de vital importancia para el bienestar de la sociedad francesa.

El ataque criminal contra Charlie Hebdo sigue inevitablemente al asesinato de tres niños judíos en Toulouse. Los ataques contra los judíos en la Alemania Nazi invariablemente llevaron a los esfuerzos de Hitler para dominar y esclavizar al mundo.

Entonces, el martes, mientras conmemoramos los 70 años de la liberación de Auschwitz y el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, la importancia de saber lo que sucedió allí y transmitírselo a la siguiente generación es más urgente que nunca.
Hoy, las amenazas contra los judíos son mayores de lo que han sido desde aquellos días oscuros. Y esas amenazas, como lo enseña la lección de Auschwitz, nos amenazan a todos nosotros.

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