Para Enfrentar el Racismo, También Debemos Mirarnos en el Espejo

  • March 16, 2015

Hace poco tiempo apareció un perturbador vídeo de los miembros de la fraternidad del capítulo Sigma Alpha Epsilon (SAE) de la Universidad de Oklahoma, en el que ríen mientras cantan un cántico racista: “Nunca habrá un ne***** en SAE. Puedes colgarlo de un árbol, pero él nunca podrá asociarse conmigo. Nunca habrá un SAE ne*****".

La noticia le pisa los talones a los recientes resultados de una investigación en Ferguson, MO realizada por el Departamento de Justicia que, entre otras cosas, reveló una muy preocupante serie de correos electrónicos racistas emitidos por funcionarios de Ferguson. Por ejemplo, un correo  predijo en noviembre de 2008 que el Presidente Obama no sería presidente por mucho más tiempo porque “qué hombre negro es capaz de tener un trabajo constante durante cuatro años”.

 

Con pocas excepciones, la gente ha denunciado estos incidentes como racistas. Inmediatamente después de que aparecieran las noticias, el presidente de la Universidad de Oklahoma condenó el comportamiento de los estudiantes y cortó todos los vínculos entre la universidad y el capítulo local del SAE.  Al mismo tiempo, la oficina nacional del SAE cerró el capítulo local. El secretario del juzgado municipal de Ferguson fue despedido y el jefe del policía y dos oficiales de policía renunciaron cuando el informe de Departamento de Justicia fue dado a conocer.

Ciertamente es apropiado condenar este racismo y enseñar a la gente a enfrentar el lenguaje prejuiciado, pero eso no es suficiente.  Hoy día, afortunadamente, el racismo tan abierto es mucho menos común que en el pasado.  No obstante, en Estados Unidos todavía hay una corriente subterránea de prejuicio mucho más sutil, enterrado más profundamente.  Aunque cada vez menos estadounidenses utilizarían términos ofensivos o despectivos abiertamente, muchos de nosotros −consciente o inconscientemente− tenemos prejuicios implícitos (actitudes inconscientes, estereotipos o acciones no intencionales que dirigimos contra un miembro de un grupo simplemente por ser miembro de ese grupo).

 

Los prejuicios implícitos arraigados en, por ejemplo, las disparidades raciales en el sistema de justicia criminal o la naturaleza segregada del sistema de fraternidades universitarias, pueden ser tanto o más dañinos que este lenguaje despectivo y de odio.

Desde muy temprana edad aprendemos a distinguir entre las cosas que son iguales y las cosas que son diferentes: una de estas cosas no es como la otra.  La ciencia demuestra que hacemos los mismos juicios rápidos sobre la gente, usando lo que sabemos y lo que asumimos para clasificar cosas. Aunque eso nos da importantes herramientas para entender el mundo, cuando se une con prejuicios y estereotipos sociales puede llegar a ser perjudicial. Como resultado de mensajes sutiles en la sociedad, la mayoría de la gente −lo quiera o no, y a menudo cuando expresamente no lo quiere− tiene algunos prejuicios implícitos.

Por ejemplo, los estudios han encontrado que los médicos tienen más tendencia a prescribir medicamentos para el dolor a los pacientes blancos con una pierna rota que a los pacientes afro-americanos o latinos. Cuando se le pidió a los socios de una firma de abogados evaluar un memo escrito por un asociado hipotético, lo calificaron menos bien y encontraron más errores cuando les dijeron que había sido escrito por un afro-americano.  Otro estudio encontró que para conseguir una cita para una entrevista, los aspirantes con nombres típicamente negros (tales como Jamal o Lakisha) tuvieron que enviar 50% más currículos

Es fácil descartar el racismo en el SAE y en Ferguson como una aberración y algo en lo que nunca participaríamos nosotros mismos. Es mucho más difícil negar que tenemos algún prejuicio implícito, especialmente si tomamos la Prueba de Asociación Implícita. Debido a que el prejuicio implícito comienza en una edad muy temprana y se desarrolla a lo largo de la vida, hay maneras en que podemos criar, enseñar e interactuar con los jóvenes para contrarrestar estos mensajes directos e indirectos:

  • Haga el ambiente de su hogar, salón de clase y escuela tan diverso como sea posible, de modo que desde una edad temprana usted contribuya a contrarrestar los prejuicios negativos. Esto significa crear un aula inclusiva y culturalmente sensible con libros, exhibiciones, carteleras, celebraciones de festividades, videos, cuentos, textos, etc. y asegurarse de que esas diversas perspectivas se reflejen en el currículo de sus cursos.
  • Refuerce y refleje los diversos aspectos de identidad representados en su aula y ayude a los jóvenes a deconstruir los estereotipos, suposiciones y etiquetas que tienen sobre diversos grupos de gente.
  • Enseñe a los estudiantes qué son los prejuicios abiertos e implícitos y busque su participación para hacer algo al respecto proactivamente.

More from this Section