Construyendo Respeto Para Todos

  • May 13, 2014

Una entrevista con Abraham H. Foxman,

Director Nacional de la Liga Antidifamación (ADL)

NOTA DE LOS EDITORES.  Abraham Foxman se ha desempeñado en el cargo desde 1987. Es coautor de Viral Hate: Containing Its Spread on the Internet y autor de Jews & Money: The Story of a Stereotype, The Deadliest Lies: The Israel Lobby and the Myth of Jewish Control, y Never Again? The Threat of the New Anti-Semitism. Foxman ha realizado asesorías en Europa, Rusia, Israel, Egipto, Arabia Saudita, Jordania, China, Japón, Sudáfrica y Argentina, así como con líderes palestinos, sobre los problemas de odio étnico, violencia, terrorismo y la promoción de la democracia. Ha tenido seis audiencias con el Papa Juan Pablo II, cuatro con el Papa Benedicto XVI, y recientemente se reunió con el recién elegido Papa Francisco. Sobreviviente del Holocausto, Foxman fue miembro del Consejo Presidencial Conmemorativo del Holocausto designado por los presidentes Reagan, Bush y Clinton. Ha participado en delegaciones presidenciales oficiales para eventos especiales en Europa e Israel. Foxman tiene una licenciatura en Ciencia Política del City College de la City University of New York, y se graduó con honores en historia. Tiene un grado de Doctor en Jurisprudencia del New York University School of Law; Estudios Judaicos avanzados en el Jewish Theological Seminary y en Economía Internacional en The New School for Social Research. Empezó a trabajar en la ADL en 1965.

INFORMACIÓN SOBRE LA ORGANIZACIÓN La Liga Antidifamación, fundada en 1913, es la organización líder en el mundo en la lucha contra el antisemitismo a través de programas y servicios que contrarrestan el odio, los prejuicios y la intolerancia.

¿Cómo ha evolucionado la ADL desde sus inicios?

Hace 100 años, unos pocos abogados en Chicago tuvieron una visión. Decidieron que se necesitaba una organización que luchara contra lo que llamaron principalmente "la difamación del pueblo judío". Luego determinaron que no es posible combatir el antisemitismo en el ambiente estadounidense sin luchar contra otras formas de odio y prejuicios. Inmediatamente se fijaron dos objetivos: combatir la difamación del pueblo judío y luchar por la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Irónicamente, en 1913, "ciudadanos" eran todo el mundo; decidimos recientemente eliminar la palabra "ciudadanos" porque hoy día es limitante.

Nuestro trabajo no ha evolucionado —se ha mantenido fiel a su doble misión, siempre entendiendo que no se puede luchar contra el prejuicio contra los judíos sin luchar por los derechos de los demás. Si no se cambia el medio ambiente contra el racismo, la intolerancia y el prejuicio —si no se construye respeto para todos— no es posible tener éxito en la protección de los derechos del pueblo judío.

Algunos dicen que yo he ampliado la visión, pero no es así; siempre ha sido la misma. Lo que hace noticia es cuando hablamos en contra del antisemitismo o cuando atacamos el racismo y la intolerancia.

La esencia de nuestra institución es la educación. Tenemos programas para enseñar diversidad y respeto, que llevamos a cabo con la comunidad religiosa, las autoridades del orden público, con maestros, administradores, estudiantes universitarios, etc. La mayor parte de lo que hacemos es una vacuna contra el prejuicio y el único antídoto que conocemos es la educación. En educación, nuestro programa sigue siendo genéricamente contra el prejuicio.

Otra cosa que ha ocurrido en los años que he estado a cargo es que otros grupos que enfrentan los prejuicios han desarrollado sus propias instituciones. La comunidad judía fundó la NAACP. Hubo momentos en los que no había ninguna institución seria luchando por los derechos de los afroamericanos, hispanos, homosexuales, asiáticos —hoy sí existen. Ahora trabajamos con ellos cuando se trata de la defensa de los derechos, legislación e incluso litigios.

Hay algunos logros de los que estoy más orgulloso: uno me antecedió y es la ley anti-máscaras; otra es la legislación antiboicot; y la tercera es la ley anti-odio.

En la década de 1950, la Liga Antidifamación redactó, abogó, promulgó y logró una ley en el estado de Georgia que decía: usted no puede manifestarse públicamente con una capucha o una máscara e, irónicamente, fue la ley más importante para socavar al Klan, porque la Primera Enmienda nos garantiza a ti y a mí el derecho a ser intolerantes.

Sin embargo, nuestro entorno social dice que uno puede ser intolerante pero tiene que asumir la responsabilidad por su fanatismo. Cuando le quitamos la máscara al intolerante, el Klan comenzó a encogerse, porque todos esos campeones del racismo, que eran líderes políticos y religiosos, no eran tan valientes cuando actuaban sin máscaras.

Esa legislación, que fue objetada como una restricción a la libertad de expresión, fue ratificada por el Tribunal Supremo 9-0 y contribuyó mucho a desenmascarar a los intolerantes.

Otro logro significativo en la década de 1970 fue la aprobación de la legislación anti-boicot. En esa época hubo un serio boicot económico de Israel. Los ciudadanos estadounidenses que tenían negocios con el mundo árabe tenían que presentar información sobre el boicot, y comenzó a extenderse también hacia los judíos porque automáticamente eran vistos como sionistas y partidarios.

Esta fue una importante legislación, que le dijo claramente al mundo que Estados Unidos no permitiría que los empresarios americanos fueran chantajeados o amenazados por contra-boicots  cuando negocian con quien quieren —en este caso, Israel y los judíos.

El tercero fue la ley de crímenes de odio, finalmente aprobada por el Congreso hace casi cinco años bajo el nombre de Ley para la Prevención de los Delitos de Odio Matthew Shepard y James Byrd, Jr. En este país, donde somos abiertos con respecto a quién y qué somos, y a nuestras actitudes frente al odio, no fue fácil conseguir que esta legislación fuera aprobada en el Congreso. La ley no convierte el odio en crimen, pero sí le da importancia. Por ejemplo, si uno comete un incendio provocado para cobrar el seguro, la pena es de un año y $1.000; pero si se puede demostrar que se causó ese incendio por racismo o intolerancia, entonces la pena es $2,000 y dos años de prisión.

Esta legislación reafirma que nuestra sociedad pone un mayor valor en las consecuencias para los crímenes de odio. Cuando uno actúa contra alguien motivado por el odio, el delito no es solamente contra esa persona sino también contra la sociedad.

Luchamos contra el antisemitismo en todo el mundo. Cuando llegué a la ADL, el nivel de antisemitismo en Estados Unidos -como lo medimos- estaba en 30%; hoy, ha descendido al 12%.

Sería bueno pensar que esto lo hemos logrado nosotros solos. Aunque hubo muchos involucrados, creo que tuvimos un papel importante en este cambio. Pero lo más importante que diferencia a Estados Unidos del resto del mundo es que mientras el antisemitismo está creciendo allí, aquí está decayendo. En este país, aunque es legal ser intolerante, serlo conlleva consecuencias. El precio de esas acciones vendrá del público, que reaccionará.

En Europa, ser intolerante podría ser políticamente conveniente. Aquí, si uno es comerciante y se involucra con el antisemitismo, no vende nada. Mel Gibson expuso su fanatismo antisemita y pasó de ser el artista galardonado con el Premio de Elección del Público a alguien poco visto.

También son más frecuentes los mensajes de tolerancia procedentes del liderazgo político y religioso en los Estados Unidos.

Educar a las autoridades sobre el odio también ha hecho la diferencia, pero nuestro trabajo aún no está terminado. No somos inmunes a la recurrencia del odio. Hasta que tengamos una vacuna, tendremos que permanecer activos y educar a la gente para asegurarnos de que las tapas permanezcan en las alcantarillas, porque el virus aún se esconde allí, sin importar qué tan inaceptable e inmoral sea.

Entonces ¿usted siente que esto todavía es un problema importante globalmente?

El antisemitismo en todo el mundo, sin Estados Unidos, está probablemente en su peor punto desde la Segunda Guerra Mundial. A medida que decaen los recuerdos de la guerra, hay una creciente aceptación.

Estamos en el proceso de crear un índice mundial del antisemitismo que difundiremos pronto. Los resultados preliminares son inquietantes.

Otro elemento que debemos tener en cuenta es el advenimiento del Internet. El Internet vuelve a darle una máscara al intolerante. Hoy en día, el antisemitismo y la intolerancia fluyen en nanosegundos a través de los canales mundiales del Internet, donde están protegidos por el anonimato y nunca mueren. Parte del antisemitismo y el racismo que vemos hoy es una función del hecho de que hay formas para difundirlo. Aparecen en computadoras y tabletas, a través de los medios sociales, lo cual les da un sentido de legitimidad y verdad debido a que gran parte de nuestra información proviene de esa corriente.

Pensemos en el problema de la intimidación. La ADL siempre ha visto la intimidación como intolerancia. La intimidación cibernética ha causado incluso suicidios.

 Los ataques terroristas del 11/9 no comenzaron con cuchillas o aviones; comenzaron con palabras que satanizan a Estados Unidos.

Cuando luchamos contra el antisemitismo hoy día, uno de los factores que tenemos que enfrentar es esta nueva autopista. Aunque podemos usarla para responder y como antídoto para educar,  todavía estamos forcejeando con un cambio de paradigma: en los viejos tiempos, cuando alguien escribía una carta de odio, la respuesta a ese discurso era un buen discurso. Pero ¿qué pasa si uno se despierta y de repente hay un tsunami de discursos de odio? ¿Cómo responder y cómo trabajamos para detener ese tsunami sin perjudicar las libertades civiles?

El Internet ha tenido muchos atributos positivos que han sido un gran empuje para el aprendizaje, la investigación y la comunicación. Pero la irrestricta libertad de expresión desata la falta de civilidad. Cuando la gente deja de hablar cara a cara, se vuelve menos civilizada. A medida que el nivel de civilidad desciende, esto tiene un impacto en el respeto y la tolerancia.

¿Pueden ustedes evaluar el impacto de sus esfuerzos educativos?

No es una ciencia exacta, pero tenemos que tener fe en el principio.

Sabemos que algunos de los jóvenes con los que hemos trabajado han cambiado la forma en que se ven a sí mismos y la forma en que viven sus vidas en términos de dignidad y en la valoración de quiénes son. Estos jóvenes comparten con amigos y familiares y ese mensaje resuena.

Hay cierta posibilidad de medir lo que hacemos, pero al final del día, creo firmemente que si no estuviéramos haciendo lo que estamos haciendo, habría mucho más odio.

El producto de nuestro negocio son palabras. Hemos aprendido de la tradición judía y la historia que las palabras son muy importantes. Los judíos que oran repiten tres veces "…Preserva mi lengua del mal y mis labios de hablar engaño" porque, en nuestra tradición, la vida y la muerte está en el poder de la lengua.

Hemos aprendido de la historia judía. Las cámaras de gas de Auschwitz no comenzaron con ladrillos sino con palabras —palabras feas, odiosas, que demonizaban. La ausencia de palabras para contrarrestarlas permitió que estas palabras se convirtieran en los ladrillos de un crematorio.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre  no comenzaron con cuchillas o aviones; comenzaron con palabras que satanizan a Estados Unidos. En la sociedad de donde prevenían los terroristas suicidas ninguna voz dijo “¿Qué haces? Eso está mal".

En este mundo hay más gente buena que gente que odia. El problema es que los intolerantes trabajan 24/7. Mi misión es descubrir el catalizador que hace que las buenas personas reaccionen y digan "no" a los intolerantes.

Yo sobreviví al Holocausto porque una mujer arriesgó su vida para salvar la mía. Cuando le preguntas a personas como ella por qué hicieron esas cosas, a menudo responden que no pensaban que estuvieran haciendo nada extraordinario.

Espero que en el futuro podamos identificar lo que hay en el ADN que hace apáticos a algunos colaboradores mientras otros actúan. Tal vez sea su educación o su fe, pero también se requiere de valor.

Le digo a los niños que cuando oigan un insulto étnico o vean un acto de intimidación, deben levantarse y decir "No haga eso". Suena fácil, pero es muy difícil en un entorno donde sus compañeros están en el otro lado.

Si podemos encontrar esos botones que estimulan a las personas buenas para tomar acción, nuestro trabajo estará hecho.

Tal vez en el gran esquema de las cosas no he eliminado la intolerancia, pero en un sentido micro, estoy trabajando para cambiar una persona a la vez.

La gente me pregunta por qué estoy ahí desafiando a los intolerantes, que pueden ser actores, jugadores de béisbol, quienquiera. Mi respuesta es: porque son modelos a seguir. Si no cuestiono su intolerancia, ¿cómo puedo pedirle a un niño de 10 años que tenga el coraje de responder?

Sigo siendo un optimista. Si no creyera que puedo cambiar las mentes y corazones de la gente, no iría a trabajar.

¿Hay momentos en que reflexiona sobre todo lo que ha logrado o siempre mira hacia adelante?

Si te acercas a los intolerantes y los ves cambiar, esas son  victorias maravillosas. Los jóvenes son un público muy exigente y, cuando has terminado, quieren ser abrazados y tomar una foto. No les he dado dinero o éxito; les he dado la noción de que podrían hacer una diferencia. Así que siento satisfacción casi todos los días.

Si puedo hacer que un político llegue a entender y reconocer lo que está mal, y puede convertirse en un aliado, vale la pena el esfuerzo.

Tal vez en el gran esquema de las cosas, no he eliminado la intolerancia pero, en un sentido micro, estoy trabajando para cambiar a una persona a la vez.

Tras sobrevivir el Holocausto cuando niño, no tengo derecho a ser pesimista.

Estoy dispuesto a darle a la gente intolerante el beneficio de la duda si están dispuestos a decir: "Cometí un error." Si la gente niega ser intolerante, no hay nada que puedas hacer. Una vez aceptan que lo son, hay un camino hacia la rehabilitación.

Usted ha anunciado que se retirará en 2015. ¿Hay emociones encontradas?

Por supuesto pero, después de 50 años, es hora de irse y permitir que alguien más haga este importante trabajo. Espero tener voz en la vida pública, pero es mejor retirarse cuando todavía se está en la cima.

"Hemos aprendido de la historia judía. Las cámaras de gas de Auschwitz no comenzaron con ladrillos sino con palabras —palabras feas, odiosas, que demonizaban. La ausencia de palabras para contrarrestarlas permitió que estas palabras se convirtieran en los ladrillos de un crematorio." Share via Twitter Share via Facebook

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