Reflexiones durante Rosh Hashaná 5775

Por Barry Curtiss-Lusher y Abraham H. Foxman

Nueva York, 11 de septiembre de 2014. Cuando señalamos el final de otro año con la llegada de Rosh Hashaná, el año nuevo judío, nos detenemos para hacer un balance del año que ha pasado, para aprender de nosotros mismos, de nuestras experiencias y de nuestros errores, a medida que avanzamos en la construcción de un mejor futuro.

Este ha sido un año muy difícil para el pueblo judío y particularmente para el estado de Israel, que una vez más ha eludido una amenaza de un enemigo implacable, el grupo terrorista Hamas, en su frontera sur. Al concluir el año, hay poca esperanza de que la más reciente guerra conduzca a ningún cambio significativo en la deprimente situación en los territorios palestinos y particularmente en Gaza, donde Hamas gobierna con puño de hierro, unos estatutos antisemitas y una profunda oposición ideológica a cualquier acercamiento con Israel.

En el año que viene podemos esperar que Israel afronte nuevos retos a nivel internacional como resultado del conflicto. Sabemos que Israel actuó con gran precaución en Gaza y no tuvo otra opción que proteger a sus civiles de los cientos de cohetes que volaban sobre el país y más de una docena de túneles terroristas excavados de Gaza hacia Israel.

Y, a pesar de todo, el juego internacional de culparlo ya está en marcha. Si el pasado sirve de prólogo, Israel nuevamente asumirá todo el peso de la culpa mientras que Hamas se sale con la suya. Tenemos que estar preparados para el ataque de investigaciones unilaterales, recriminaciones prejuiciadas, llamadas al boicot, la desinversión y sanciones contra el estado judío.

Afortunadamente, Israel no estaba completamente solo. Muchos países europeos apoyaron al estado judío mientras luchaba para defender a sí mismo y a sus civiles de la campaña de terrorismo de Hamas, y Estados Unidos prestó un apoyo crucial al sistema israelí de defensa antimisiles Cúpula de Hierro, que fue fundamental para salvar incontables vidas y proteger a las ciudades de los misiles lanzados contra ellas.

Jamás debemos olvidar las vidas de los tres jóvenes judíos secuestrados: Naftali Fraenkel, Gilad Shaar y Eyal Yifrach. Ellos se convirtieron en las últimas víctimas inocentes del terrorismo, el odio ciego y el extremismo. Lloramos a los 72 israelís muertos en los 50 días de conflicto, así como a los civiles palestinos que murieron innecesariamente en Gaza.

En términos de antisemitismo en el mundo, sin duda el año 5774 fue un annus horribilis para el pueblo judío. Las pasiones fustigadas por quienes protestaban contra la guerra en Gaza llevaron a claras manifestaciones de hostilidad contra Israel. En muchos casos, esas manifestaciones dieron paso a feos estallidos antisemitas y llevaron a algunos a actuar violentamente contra las empresas, hogares e instituciones judías.

¿Quién hubiera pensado que hoy día oiríamos gritos de "muerte a los judíos" en las calles de Berlín?  ¿Quién hubiera pensado que las tiendas judías serían marcadas y afrontarían boicots, que los judíos serían atacados en las calles a plena luz del día?

Esta vez, a diferencia de lo sucedido durante la Segunda Intifada o la ofensiva militar de Israel en Gaza en 2008-2009, los ataques contra los judíos no se limitaron al Medio Oriente y Europa. Esta vez, comunidades judías de Sudáfrica a Turquía y América del Sur fueron el escenario de una fea retórica contra los judíos en protestas y estallidos de violencia antisemita. Fue como si destaparan algo y un desenfrenado antisemitismo tomara forma a nuestro alrededor.

Algunos países respondieron mejor que otros. En Europa Occidental, los líderes de Francia, Gran Bretaña y Alemania se hicieron oír y dejaron claro que el antisemitismo era inaceptable; ciudadanos en Alemania y Gran Bretaña organizaron grandes manifestaciones públicas contra el antisemitismo.

Esta vez también tuvimos una imagen más completa de la magnitud del problema. 

Publicado en mayo, el ADL Global 100, la primera encuesta sobre actitudes antisemitas en 100 países del mundo, reveló el sorprendente hecho de que el antisemitismo no es una cosa del pasado. Descubrimos que el 26 por ciento de la población mundial alberga clásicas actitudes antisemitas. La letanía de antiguas nociones que pensábamos eran cosa del pasado —que los judíos tienen demasiado poder en el mundo de los negocios, que los judíos dominan las finanzas, que a los judíos no les importa lo que le pase a nadie aparte de ellos mismos, que los judíos tienen demasiado control sobre los asuntos mundiales y los medios de comunicación, que los judíos son responsables de la mayoría de las guerras del mundo—, ha calado y tiene un gran poder de permanencia en remotas regiones del mundo.

En la encuesta también hubo algunas buenas noticias y rayos de esperanza. Por razones no del todo claras existen ciertos lugares alrededor del mundo —como Laos, Filipinas, Suecia, Países Bajos, Vietnam, el Reino Unido y Estados Unidos— donde  se encontró que el antisemitismo es prácticamente inexistente o muy inferior a los promedios globales.

Aunque el nivel de las actitudes en Estados Unidos ha alcanzado mínimos históricos —tan bajos como 9% de la población según los datos más recientes—, este país tampoco ha sido inmune al tsunami global del antisemitismo.  Prueba de ello son las decenas de manifestaciones contra Israel que tuvieron lugar durante la acción militar de Israel en Gaza, donde los insultos contra Israel derivaron en antisemitismo. Y no olvidemos los nombres de pequeñas y ordinarias ciudades totalmente americanas, como Pine Bush, Nueva York y Overland Park, Kansas, que tiene un nuevo significado para nosotros como judíos porque aparecieron en los titulares como lugares donde el fantasma de la intolerancia contra los judíos ha revelado una vez más su feo rostro.

Al conmemorar este año el 50avo aniversario de la Ley de Derechos Civiles, celebramos el hecho de que se ha logrado mucho en el camino hacia una América más acogedora y abierta. Este fue un año en el cual la igualdad matrimonial para los miembros de la comunidad LGBT logro avances extraordinarios.  Pero en muchas áreas —libertad religiosa, derechos de votación, igualdad educativa, derechos reproductivos de las mujeres, discriminación y segregación racial— todavía hay mucho trabajo por hacer. Lo recordamos cuando la Corte Suprema autorizó por primera vez oraciones cristianas sectarias en las reuniones del Consejo de la ciudad pese a la oposición de los tres jueces judíos.

Otro recordatorio fue el clima de tensión racial que se manifestó en Ferguson, Missouri, después de que un hombre negro desarmado fue asesinado por la policía. Y nos enfrentamos a la dura realidad de los sentimientos racistas expresados en las principales franquicias deportivas y por parte de celebridades. También fuimos testigos de las expresiones de fanatismo que estallaron en torno al debate sobre la inmigración, dándonos otro recordatorio de las luchas que se avecinan.

Este año fue decepcionante para quienes estamos trabajando en coalición con grupos latinoamericanos para encontrar una vía razonable para que los inmigrantes indocumentados logren la plena inclusión en la sociedad. En ausencia de una voluntad política de hacer reformas significativas, vimos niños que huían de la persecución en sus países de origen en Centroamérica, sólo para ser detenidos en la frontera con Estados Unidos y devueltos a casa.  Ojala, el año que viene veamos soluciones positivas por parte de la Administración y el Congreso. 

Al iniciar el 5775, Estados Unidos también enfrenta nuevos desafíos en el extranjero. Ahora estamos comprometidos en una nueva guerra contra el terrorismo al enfrentar la amenaza del estado islámico en Irak y Siria, cuyos seguidores siguen conmocionando al mundo con su violencia y las decapitaciones de periodistas occidentales. En este Rosh Hashaná, oramos por la seguridad de los soldados estadounidenses que están defendiendo valientemente este gran país. 

Esperemos que este sea un año lleno de paz, un año en el que las fuerzas de la intolerancia y la opresión den paso a las fuerzas de la igualdad de derechos, comprensión, libertad y democracia. Oremos por un mundo donde tengamos una póliza de seguro fuerte para la supervivencia del pueblo judío en la existencia de un estado saludable y vibrante en Israel. ¡L'Shanah Tova!

Barry Curtiss-Lusher es el Presidente Nacional y Abraham H. Foxman es el Director Nacional de la Liga Antidifamación.

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